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-Cualquier día de estos me enamoro de ti; pero tranquilo, todavía me caes demasiado bien como para hacerte esa putada... (Bajo las estrellas, 2007)
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jueves 14 de octubre de 2010

Amargado

- Oye, que acabo de leer que ¡Bardem va a hacer la peli!

- No me jodas... ¡pero si ni siquiera se quitaron de encima la mierda de más de dos meses encerrados! ¿Y ya están pensando en una película?

- Como lo oyes. Recién leído en elmundo punto es. Una productora yanqui se puso en contacto con él para ser el protagonista. ¡Ya sólo falta que a la Pe la pongan de la amante de ése tal doctor ‘Barrios’! Que a ver qué hace el tipo ahora con su esposa, por cierto, vaya marrón...

- Sí, y de presidente de Chile Harrison Ford, no te jode, con Antonio Molina en la banda sonora... Ya lo estoy viendo, lo que podría ser una cojonuda historia de superación y de solidaridad humana va a terminar convertida en ‘Gran Hermano 753’, verás tú.

- Oye, que tampoco está tan mal que los tipos esos se ganen ahora un par de pavos en compensación por todo lo que pasaron. ¡Bien merecido se lo tienen!

- Sí, hombre, sí, claro que sí. Venga, va, todos corriendo a buscarse un representante que les gestione los derechos editoriales de su versión de la historia, más los abogados para que redacten los contratos de imagen de sus apariciones en televisión, los de eBay como locos intentando convencerlos de que subasten con-fines-benéficos-por-supuesto el casco, el traje de minero y hasta los gayumbos, y los bancos ofreciéndoles el oro y el moro para encargarse de los modestos royaltis que les van a proporcionar todos esos tiburones... No me jodas, hombre... Una cosa es que cuenten la historia y se beneficien de ello, y otra muy distinta el circo que se está montando cuando aún llevan el sudor de la mina pegado a la ropa...

- Jooooooder con el colega, parece como si te corroyese la envidia... ¡ya quisieras tú que el Bardem hiciera de tí en una peli! ¡Quién me diera a mí! ¡Y con la Pe al lado, encima! ¡Amargado, que eres un amargado!

- (suspiro) Encima. Pero en qué mierda de mundo vivimos, la madre que me parió...





lunes 11 de octubre de 2010

No meneallo

Ya decía mi abuelo que casi siempre es mejor dejar las cosas como están. O 'Peor es meneallo', que decía don Quijote. Cierto es que mi abuelo era una persona conservadora y un tanto temerosa de los riesgos a los que te exponía la vida, pero la experiencia le daba cierta autoridad y yo, que era un mocoso cuando soltaba sus diatribas, tomaba aquellas palabras como si las hubiera pronunciado un cura. Luego la vida me fue enseñando que, o te arriesgas un poco, o te quedas atrás. Ayer recordé lo que me decía aquel viejo tras salir de ver en el cine la continuación de ‘Wall Street’. Uno de los iconos de mi juventud cinematográfica fue, sin duda, el personaje de Gordon Gekko que interpretó Michael Douglas en la primera entrega, aquel tiburón de las finanzas que no dudaba en pasar por encima de quien fuese o de lo que fuese para honrar a su único y verdadero dios: el dinero. Y me temo que no fue un icono únicamente para los amantes del cine, sino que muchos brokers de la vida real lo tomaron como ejemplo y luego, desgraciadamente, ocurrió lo que ocurrió. Sea como sea, yo me pasé años riéndome de las malas imitaciones que se intentaron hacer en otras películas de aquel demonio sin alma.
El caso es que creo que esta segunda parte, anacrónica y tardía, le pilla a su director Oliver Stone con el paso cambiado. Da la sensación, tras contemplar el farragoso guión que tuvo que desarrollar para filmar esta película, que el hombre buscaba algún tipo de redención moral o ética por creer que su primer filme había influído demasiado en la última generación de brokers de Wall Street. Como si hubiese llegado a la conclusión de que se había pasado de rosca al filmar la primera parte. ‘Chicos, ya sé, con la primera os obligué a ser muy, pero que muy malos, aunque nos os preocupéis: ahora os voy a enseñar a ser lobos como el del cuento de Caperucita’. Así que cogió al personaje de Gordon Gekko, lo ablandó con ocho años de cárcel, le dejó la misma piel y la misma apariencia fría y amoral de un Terminator con traje y corbata de Prada ... pero cometió el fallo de incluir un corazón en el paquete. Con lo que le salió una moraleja de cuento barato y chusco, de final incomprensible e inverosímil, y de paso derribó de un plumazo uno de los personajes de ficción más intensos de las últimas décadas.
¿De ficción? Ahora, sin duda, sí. Oliver Stone ha rebajado a Gekko a personaje de cuento vulgar o de novela barata, lo que me entristece un poco. Y lo peor de todo es que lo ha hecho sin motivo aparente. ¿De verdad necesitaba filmar esta segunda parte? Es como si a Thomas Harris le entrase remordimiento por haber creado al gran Hannibal Lecter y decidiese que en lugar de comerse al director del siquiátrico que tanto lo puteaba terminase haciéndose amiguito de él. Un disparate.
Así que mi abuelo y don Quijote, después de todo, tenían algo de razón. En ocasiones es mejor dejar las cosas como están...


P.S.: En tres o cuatro días rescatarán a los 33 mineros chilenos. Bien. Ahora se va desvelando que algunos se rebelaron contra el jefe de turno, que otros no aceptaron al sicólogo que intentó ayudarlos y que hay unos cuantos, en fin, que están sorteando quién sale de último, para así entrar en el libro Guinness de los récords como el que más tiempo sobrevivió bajo tierra a gran profundidad... Como se ve, hay historias que la vida escribe mejor que el más premiado de los guionistas de Hollywood...

viernes 8 de octubre de 2010

Un amiguete me consiguió dos entradas para el preestreno anoche de ‘La red social’, ese megaspot publicitario sobre Facebook y su creador que rodó David Fincher, el de las fabulosas ‘Se7en’ y ‘El club de la lucha’ (y ‘Alien3’, aunque de ésta reniega vehementemente). Leí en una entrevista promocional que el guionista, que lo es también de la serie ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’, quiso elaborar un retrato de un tío brillante de intelecto pero estúpido socialmente, sin tener para nada en cuenta que los personajes que refleja son muy jóvenes aún hoy en día, por muy multimillonarios y famosos que sean.

A mí no me dio el pego: la peli me gustó, tiene momentos brillantes (como en los que se cuenta la superioridad intelectual que sabe que tiene el protagonista sobre los abogados que lo interrogan, los cuales también son conscientes de ella muy a su pesar, seguramente; o la pelea entre los dos amigos de Harvard tras la traición de uno de ellos. O la escena final, cómplice con los usuarios de Facebook más activos) y no trata al espectador como si fuese idiota, ni de esa forma condescendiente que suele emplear Hollywood en la mayoría de sus blockbusters (véase la reciente ‘Origen’, por ejemplo: alguien pensó ‘hala, vamos a rodar una peli para que la gran masa cineadicta se sienta satisfecha neuronalmente y no se nos acuse de rodar únicamente pastiches de encefalograma plano’ y se quedó tan ancho), pero no me creo que carezca de intenciones propagandísticas ni que, me temo, el que esté en realidad detrás de todo el tinglado no sea el propio Mark Zuckerberg, el padre (de 26 años hoy en día, no lo olvidemos) de Facebook. Si en ese mundillo te presentan una demanda hasta por mirar mal a tu perro, un tío que tiene una empresa valorada en 25.000 millones de dólares que se sintiese ofendido de verdad le hubiese lanzado un ejército de abogados a la Sony, distribuidora del filme, por intromisión en su imagen pública y en su honor (palabra y concepto, por cierto, que sólo se emplea para ésto: para denunciar que atentan contra él) que ríete tú del juicio de O.J. Simpson.
Resumiendo: que la peli apesta a paripé, a una trampa bien elaborada; pero no creo que sea más que puro negocio. Tratándose de Hollywood no debería sorprender a nadie, pero es que envuelven tan bien el regalito que la mayoría lo aceptamos sin protestar. Y si alguien lo hace, la respuesta ya está preparada: no seas gilipollas, que estamos hablando de la Fábrica de los Sueños... ¡todo es mentira!
En fin. No seré yo quien se lamente de lo que sale de la meca del cine, con lo que me hace disfrutar. Pero sí me quejo de que, en ocasiones como ésta, nos la quieran meter doblada. Hasta el fondo.

Que a veces duele, coño.

martes 5 de octubre de 2010

Toc, toc...

Qué haría yo sin la entrañable estupidez humana, me pregunto. ¿Y porqué, comprobando tantas veces que es un rasgo inseparable de las personas, continúa sorprendiéndome? Pero hay ocasiones (trascendentales, encima) en las que nos pasamos de la raya de tan estúpidos y no puedo permanecer callado. Me explico. Dos universidades americanas acaban de descubrir un planeta, otro más, de nombre Gliese 581g. La novedad es que es el primero que se encuentra dentro de la zona de habitabilidad de su estrella, una enana roja (Gliese 581, obviamente), con unas condiciones teóricas aptas para la vida humana. En realidad no han descubierto el planeta, sino la evidencia de que en ese lugar del espacio tiene que haber uno; suficiente de momento para que se pueda teorizar sobre él, a la espera de que el nuevo telescopio espacial James Webb, que se lanzará en 2014, les permita descubrir alguna evidencia más. El caso es que, de nuevo, el debate a que da lugar el tema es que cada vez estamos más cerca de descubrir que no estamos solos en el Universo, que las pruebas de que tienen que existir civilizaciones inteligentes ahí afuera están a punto de desvelarse y que no debe faltar demasiado para que podamos establecer contacto con alguna inteligencia sideral o algún bicho semejante.

Y aquí está el punto. Da igual que las mentes más sabias nos alerten del peligro que supondría establecer contacto con una supuesta civilización capaz de viajar interestelarmente, con todo lo que ello supone, tal y como Stephen Hawking lleva haciendo desde hace varios años. No importa lo que sabemos acerca del choque que se ha producido cuando una civilización humana descubrió otra a lo largo de la Historia. Ni que observemos, día tras día, lo que ocurre cuando una especie animal ocupa un territorio, esté o no ocupado por otra especie. Supongo que esas imágenes cinematográficas en las que la raza humana siempre sale vencedora de cualquier tipo de invasión alienígena son difíciles de olvidar incluso para las preclaras mentes de los científicos más avanzados, pero no hay que ser muy listo para comprobar, a poco que uno se pare a pensar, que cuando alguien llame a nuestra puerta llegando desde un sitio muy, muy lejano no va a ser para dejar una tarjeta de visita y ofrecernos la mano educadamente. Por eso creo que hay ocasiones en que la estupidez humana es trascendental: montamos un costoso y espectacular sistema de búsqueda de inteligencia extraterrestre (el famoso SETI) pero no se nos ocurre pensar en qué haremos cuando alguien nos responda. Y si alguien lo ha pensado... sea lo que sea que tenga preparado, tiene que ser una peligrosa ingenuidad. Imaginemos que en la Luna hay habitantes cuya tecnología no les permite salir de su planeta, y que nosotros llegamos con unas cuantas naves y nos posamos en su planeta. ¿Qué ocurriría? Pues lo que ocurrió cuando Colón, Orellana y Hernán Cortés llegaron a América. Que les pregunten a los nativos. O más claro todavía: cuando paseamos por el campo, ¿les pedimos permiso a las hormigas para hacerlo, ellas que llevan allí toda la vida? ¿O, simplemente, les pasamos por encima?

En fin. Hace tiempo yo creía que el principal objetivo de la raza humana era precisamente éste: salir de nuestro planeta y ampliar los límites del Universo conocido. Pero hoy ya no lo creo. Más bien estoy convencido de todo lo contrario: en nuestro planeta hay de todo, así que ¿para qué buscarse complicaciones intentando encontrar a E.T.?

Lo malo es que también estoy convencido de que E.T. existe. Y que algún día, antes o después, él nos encontrará a nosotros. Y cuando llame a nuestra puerta seremos tan estúpidos de abrírsela de par en par...

Toc, toc...

miércoles 22 de septiembre de 2010

lunes 20 de septiembre de 2010

(Im)paciencia

Esta semana ví en algún programa de la tele (creo que en El Intermedio) que la mayor parte de los usuarios de Facebook, que son la mayoría de jóvenes occidentales de entre 16 y 40 años, cuentan en sus perfiles con centenares de amigos; pero que, en realidad, sólo mantiene algún tipo de contacto real con una veintena de ellos. El reportaje era en clave de humor, con entrevistas en las que todo el mundo se desternillaba de risa con las preguntas (el que las hacía y su destinatario) y destacando los aspectos más simpáticos del asunto, pero creo que el dato no sorprende a nadie: tal y como está diseñada la red social en cuestión, para aceptar una solicitud de amistad sólo hay que hacer click en un icono; y así hace amigos cualquiera. Cuando éramos tiernos infantes teníamos que rondar varios días a algún chaval al que le habíamos echado el ojo para que se integrase en nuestra pandilla, después él tenía que darse cuenta y dejarse rondar, luego se producía un tímido acercamiento con frases elaboradas del tipo: ‘¿Qué?’, ‘¿qué de qué?’, ‘¿echas un partido?’, ‘bueno, no sé’, y cosas así. Y tras algunas semanas dándonos patadas y pinchándonos los balones con los que jugábamos al fútbol podíamos empezar a considerar que ese chaval iba a ser un colega. Nada unía más que romperle los juguetes a tu mejor amigo.

Pero en la Era de la Información todo eso ha cambiado tanto como el día que deja paso a la noche, y por eso el que alguien tenga en Facebook, en Twitter o en Tuenti cientos o incluso miles de amigos o seguidores no es nada reseñable. Sin embargo, ayer sí me sorprendió leer en algún suplemento semanal que hay webs que están triunfando al ofrecer la posibilidad de dar de baja a la gente que ya se ha cansado de las redes sociales y su constante vulneración de la intimidad. Parece ser que muchas personas, evidentemente jóvenes en su mayoría están hartas de tener a ex-parejas, ex-amigos, ex-conocidos, ex-ex y ex-loquesea hurgando en las fotos (que cuelgan para que vean únicamente la gente que les interesa), rastreando los comentarios que dejan en alguna actualización de otras personas y enterándose, en fin, de lo que pasa en sus vidas. Sitios como Suicide Machine o Seppukoo se encargan de dar de baja, minuciosamente, cada foto, comentario o rastro que tenga un perfil determinado en la mayoría de redes sociales, y están experimentando un auge bestial. Yo comprendo esa sensación, la de que tu propia vida se ha escapado sin querer de las manos exponiéndola, aunque sea muy poco a poco, a los ojos virtuales de los demás usuarios de internet. De hecho ya he borrado algunos perfiles en la mayoría de sitios en los que me he dado de alta en alguna ocasión. Lo que ocurre es que como es tan sencillo crear un perfil para acceder a cualquier comunidad virtual de nuevo, pues... que termino por volver cual oveja al redil del que se ha escapado. Es la principal baza de estas redes sociales mastodónticas: su extrema adicción.

Sea como sea, si es cierto que ya nos estamos cansando de Facebook y comenzando a pensar en que es algo que puede pasar de moda próximamente, tengo que llegar a una conclusión: esta generación se está convirtiendo en la más impaciente de la historia de la Humanidad. A ver, ¡si Facebook tiene apenas seis años de edad! ¡Ni siquiera se ha estrenado la película sobre su oscurísimo origen! ¡Si eso era lo que necesitaba, no hace tanto, una serie de televisión para empezar a ser conocida! No hay duda de que de un tiempo (corto) a esta parte la información fluye de tal manera que hay que hacer sitio enseguida para la enorme cantidad de datos que viene pidiendo paso, y lo que hoy es noticia novedosa mañana estará obsoleta; pero esta velocidad en la ecuación acogimiento-aceptación-uso-abandono de una idea... no sé, como que da un poco de miedo. O quizá es simplemente lo que hay, y los que vamos cumpliendo años tenemos dificultades en adaptarnos al medio... aunque lo intentemos.

En fin. Falta poco para internet v3.0, dicen por ahí, con nuevas y amenazantes ideas para engancharnos a ellas... y olvidarlas a la velocidad de la luz, por lo que se ve. Ya podía aplicarse esa ecuación a los realitys de la televisión, que a esos no hay web de suicidio virtual que los tumbe...

miércoles 15 de septiembre de 2010

El delegado de clase

Imagínate que cuando estabas estudiando EGB (qué tiempos aquellos...), el delegado de clase era el que debía ser: el más molón, el más fuerte, más alto y más guapo; el que siempre estaba un escalón por encima de los demás. El más listo. El que tenía siempre más álbumes llenos de cromos de las colecciones de moda. Era uno más de la clase, pero tenía ‘ese poder’ que lo convertía en una especie de ser superior a ojos de todos.

Sigue imaginando y recordando que entre el resto de compañeros de la clase había de todo: niños de familia bien, pudientes, a los que se les ve claramente su status porque siempre tenían dinero para el bocata del recreo + donuts + golosinas, y no tenían que traerse el sándwich de casa; chavales a los que se les notaba que pasaban por dificultades económicas y que ni para ese sándwich tenían; y niños del montón, anodinos, que estaban a lo que decía y hacía el resto de la clase, básicamente atentos a los movimientos del delegado. Y luego estaban esos tres o cuatro que no encajaban exactamente en ninguna categoría: por ejemplo el que no hablaba mucho, antipático para casi todo el mundo y sospechosamente retraído, tanto que todos sabían que algo malo ocurría a su alrededor cuando no estaba dentro del colegio. Incluso el delegado sabía que no era de fiar. Raro. Pero el asunto es que su familia era riquísima, de mucha, mucha pasta, y por eso tanto el delegado como los profesores, y el resto de los alumnos lo tratabais con cierta deferencia. Aparte había un grupito reducido que nunca, nunca se relacionaba con nadie. Salvo para cambiar cromos, claro. Eran los frikis.

Ahora, continuando con este pequeño ejercicio memorístico, supón que un día el raro comenzó a llegar a clase con manchas de sangre en la ropa. Ropa de marca y muy cara, pero con manchas de sangre. Preguntado por el delegado acerca de esas manchas, respondió que no es asunto suyo, que no se meta donde no le llaman. El delegado lo hace, aunque se asegura de que el resto de la clase vea que le ha preguntado por el tema para que nadie dude de que ha cumplido con su deber. Temiendo que alguien lo haga, ese delegado se chiva al profesor de que la actitud del grupito de frikis es muy rara y puede resultar perjudicial para el resto de los compañeros, incluyéndote a ti, hecho que todos aplaudís y comentáis entre vosotros. Mientras tanto, el raro continúa llegando con restos de sangre, ahora en las manos, que ni se molesta en limpiar. El delegado, aunque no quiere incomodar demasiado a ese que viste tan bien y que lleva un anillo de oro en cada dedo corazón de 700 kilates, y cuyos padres tienen tanta pasta, se ve obligado a seguir insistiendo y preguntando el porqué de esas manchas, pero sigue obteniendo la callada por respuesta. Mientras, los frikis siguen a lo suyo yendo a su bola y sin meterse con nadie, cosa que aprovecháis el delegado y el resto de la clase (olvidando momentáneamente la sangre en las manos del raro) para seguir hostigándolos.

Un día el raro llega con restos sanguinolentos en el jersey de Lacoste. Toda la clase lo ve, pero aparta la mirada inmediatamente. El delegado maldice por lo bajo y, haciendo valer su cargo, se dirige a él temblando y gritándole que lo va a denunciar al director del colegio. El raro lo mira, sonríe y le dice: “Te compro todas tus postalillas. Te doy 10.000 pesetas y un Spectrum nuevecito. Además, por cada postalilla que me traigas a partir de ahora te daré 100 pesetas. A cambio, tú, ni mú”. El delegado piensa rápidamente y, sin dudarlo mucho tiempo, mira a ambos lados de donde estaban y le da la mano, cerrando así el trato. Y pensando en la forma de buscar algo con lo que seguir fastidiando al grupito de frikis.

Ahora imagina que lo has visto todo. Cosa no muy extraña, ya que lo han hecho a la luz del día, sin esconderse de nadie. ¿Qué hiciste tú? Indignarte, ¿no? ¿Y qué más? ¿Denunciarlo? ¿Averiguar qué coño hacía el raro? ¿Darle un par de hostias al delegado molón, por hijoputa? ¿Te quedaste con ganas de matarlo? ¿Y de tus compañeros? ¿Llegaste a la conclusión de que eran unos cobardes, por no hacer nada?

Piénsalo. Y luego pincha en este enlace: